Magdalena Correa: Níveo | Online exhibition

Resumen

La Antártida
El desierto polar en un fragmento

Villa Las Estrellas es un asentamiento donde se unen bases científicas de infinidad de paises y habitantes de la zona en el desierto blanco más seco del mundo a causa de las bajas temperaturas y de la congelación que hace imposible la humedad. Situado en el sur del sur del mundo y simbólicamente en el extremo de la tierra.

El reconocimiento del paisaje y de sus residentes ha sido una experiencia integrada, que la artista ha hecho utilizando la fotografía y haciendo los registros correspondientes con la cámara de video. El resultado es la creación de un fragmento imaginario del desierto polar que se superpone al desierto real.

Obras
Press release

La Antártida
El desierto polar en un fragmento
Menene Gras Balaguer

El viaje es un instrumento para el conocimiento y en el caso de Magdalena Correa, como sucede en la trayectoria de otros artistas, se convierte en una experiencia de vida que es indisociable de las prácticas artísticas que se han de llevar a cabo para la realización de un determinado proyecto. Viaje de formación que supone la iniciación en un proceso de cambio y de transformación mediante la travesía. El ejercicio de viajar es claramente una prueba que la artista debe superar para alcanzar su objetivo, consistente en abordar un territorio situado en las antípodas, donde las condiciones de vida son las de un desierto blanco de 14.000.000  km2, el más seco del mundo, a causa de las bajas temperaturas y de la congelación que hace imposible la humedad, situado en el sur del sur del mundo y simbólicamente en el extremo de la tierra. De esta superficie, el territorio antártico chileno ocupa 1.250.000 km2, que equivale a más del 60% de la superficie total del país, con la península Antártica, la Bahía Fildes y el Archipiélago Shetland del Sur formado por islas, islotes y arrecifes. La gruesa capa de hielo que cubre la superficie de la Antártida puede llegar a tener una profundidad de más de 1200m. La artista es chilena aunque reside en España y sus tres últimos grandes proyectos han estado siempre asociados de una manera u otra con el regreso periódico a su país, que visita al menos una o dos veces al año, sobre todo por su vinculación familiar y cultural. 

 

Lo que más ha sorprendido a la artista han sido, sin embargo, estas figuras que parecen inscripciones en el paisaje conformando la escasa presencia humana que habita en los dos principales enclaves urbanos mencionados. Son hombres, mujeres, niños, que viven allí todo el año y a quienes ha realizado sucesivas entrevistas para la obtención de relatos fragmentados mediante los que ha podido concebir pequeñas historias de la vida individual de sus habitantes. El reconocimiento del paisaje y de sus residentes ha sido una experiencia integrada, que la artista ha hecho utilizando la fotografía y haciendo los registros correspondientes con la cámara de video. El resultado es la creación de un fragmento imaginario del desierto polar que se superpone al desierto real, que la artista no se preocupa de examinar, a no ser cuando persigue el objetivo de apropiarse esporádicamente del terreno. La producción del proyecto se inicia con el vuelo Santiago de Chile-Punta Arenas, la última ciudad de Chile situada en el extremo sur del país, donde la artista embarca en el rompehielos Viel de la Armada chilena para una travesía de cinco días, surcando un mar con olas de ocho metros de altura del paso Drake, a causa del choque entre el océano Pacífico y el Océano Atlántico, hasta la Bahía Fildes, donde es recogida por un helicóptero y trasladada a Villa las Estrellas. De este recorrido trata el video HASTA, que la artista ha realizado, completándolo con el registro del trayecto en helicóptero desde la Bahía Fildes hasta la casa donde iba a ser acogida por una familia de nativos, que ha doblado en formato video con el título EN.

En este viaje a la Antártida, la artista ha recogido datos personales de los habitantes de Villa Las Estrellas, visiones de paisajes a diferentes horas del día y las impresiones causadas en su retina por la luz, el océano, las flores de hielo, la congelación de los arrecifes rocosos, las blancas cordilleras, la soledad del frío y una sensación de impotencia ante una naturaleza tan poderosa que no se puede dominar ni cambiar. Pero, lo que a ella le interesaba era la experiencia personal obtenida a través del contacto con el lugar y los sujetos que lo habitan, por tratarse de una suma de vivencias que se constituyen en mundo y este, a su vez, en virtud de esta transformación se actualiza en información, en la práctica artística destinada al proyecto. Obviamente, el trabajo está sin terminar aún. Lo que ella presenta ahora son islas de experiencia vivida desde que inicia la navegación en el barco de las Fuerzas Aéreas chilenas para realizar esta estancia en las antípodas de la tierra, donde ella reencuentra su propio sur, la noche que todos llevamos dentro, y al regresar de la expedición se pone a trabajar en el proyecto. 

 

Residir con una de las familias que suelen hospedar a los forasteros que llegan a Villa las Estrellas ha sido importante para poder seguir de cerca la vida doméstica en el interior de las viviendas existentes, que caracterizan la austeridad y el aprovechamiento de recursos. Hay algo así como una situación de emergencia a la que todos los habitantes de este núcleo urbano se han acostumbrado para combatir la adversidad y las circunstancias del entorno. El Polo Sur se ha convertido en tierra de todos por considerarse la reserva natural más importante del planeta gracias al Tratado de la Antártida de 1959, que se puso en vigor en 1961, y por el cual ningún país puede ejercer su soberanía sobre la Antártida, ya que está destinada a la investigación científica. Así pese a que se haya encontrado petróleo y recursos minerales, carbón y hierro en las montañas, la explotación comercial queda excluida de los fines de bases y campamentos científicos. Los países del Sistema del Tratado Antártico tienen como finalidad explorar estos recursos y proceder al mantenimiento y conservación de las especies autóctonas al igual que se prohíbe su exportación salvo autorización especial, y la mezcla con otras especies importadas.

No se puede abordar la vida cotidiana del continente antártico de la población que reside allí, sin tener en cuenta simultáneamente los ecosistemas del bioma polar, las condiciones climáticas y el aislamiento geográfico de sus habitantes. Obviamente, no se trata aquí de contemplar ni revisar estos elementos, pero sí de tenerlos en cuenta para entender este trabajo, en el que Magdalena Correa ha reiterado su empeño en identificar un proyecto con el viaje de formación; y, sucesivamente, el proceso de elaboración, con la superación de etapas, que implican información, conocimiento y producción. Los antecedentes que han influido en su decisión de llegar hasta la Antártida no se pueden desdeñar, porque el viaje a la Patagonia y el proyecto posterior, “Austral”, están directamente relacionados, como si el que acaba de hacer fuera una prolongación del anterior, una última etapa que debía clausurar un ciclo, que no ha concluido aún y que se podría reabrir en un futuro próximo.