Se espera que las empresas representen algo más que productos y beneficios , son actores culturales con influencia y responsabilidad.
Una forma cada vez más poderosa en la que las organizaciones expresan su identidad y sus valores es a través de la inversión en arte contemporáneo. Lejos de ser una decisión puramente estética, el coleccionismo corporativo se ha convertido en una estrategia visionaria que impulsa la innovación, fortalece la narrativa de marca y conecta a las empresas con el pulso creativo de nuestro tiempo. Es una elección estratégica que aporta valor cultural, emocional y económico a las organizaciones. Cuando una empresa apoya a artistas contemporáneos cuyos valores o contexto geográfico se alinean con los suyos, no solo enriquece sus espacios, sino que también incorpora una narrativa con la que empleados, clientes y grupos de interés pueden identificarse e inspirarse.
Además, invertir en artistas vivos y en obras contemporáneas ayuda a las empresas no solo a diversificar su base de activos, sino también a convertirse en participantes activos dentro del mundo del arte, apoyando carreras, promoviendo la cultura y fortaleciendo su identidad corporativa en un entorno global cada vez más competitivo.
EL COLECCIONISMO CORPORATIVO COMO VENTAJA ESTRATÉGICA
Varias empresas líderes han demostrado el impacto de este enfoque. Por ejemplo, Deutsche Bank ha construido una de las mayores colecciones corporativas de arte contemporáneo del mundo, con decenas de miles de obras exhibidas en sus oficinas a nivel global. Estas piezas, muchas de artistas emergentes y de media carrera, transforman los espacios de trabajo, estimulan el pensamiento creativo y reflejan un compromiso con la participación cultural.
De manera similar, UBS ha desarrollado una importante colección de arte contemporáneo que incluye obras de artistas influyentes, junto con programas que acercan el arte a públicos más amplios. Al integrar el arte contemporáneo en la vida corporativa —desde oficinas hasta espacios para clientes—, estas compañías fortalecen su marca, enriquecen su cultura interna y transmiten un compromiso con el valor creativo.
Otras corporaciones de distintos sectores han seguido este camino, utilizando las colecciones de arte contemporáneo no solo como activos estéticos, sino como capital cultural que genera impacto tanto interno como externo.
CONECTAR CON ARTISTAS QUE “HABLAN” TU MISMO LENGUAJE
Invertir en artistas que se alinean con tu empresa, ya sea por valores compartidos, identidad regional o relevancia cultural; puede amplificar enormemente el impacto de una colección. Esta alineación hace mucho más que embellecer espacios: construye puentes auténticos entre la organización y sus comunidades, tanto internas como externas. En un mundo donde la autenticidad importa más que nunca, estas relaciones con artistas contemporáneos pueden comunicar de forma profunda y significativa, a menudo con mayor eficacia que el marketing tradicional.
FORMAR PARTE DEL MUNDO DEL ARTE
Más allá del valor estético o financiero, construir una colección de arte contemporáneo significa integrarse en el ecosistema artístico. No se trata solo de exhibir obras, sino de participar en diálogos con artistas, curadores, instituciones culturales y públicos diversos. Esta implicación amplía redes, abre oportunidades de colaboración y posiciona a la empresa como mecenas del arte contemporáneo.
