Santiago Corral Mexico, 1964
Contemplar una pintura de Santiago Corral es como irrumpir en la escena final de una película. Todo está ahí, perfectamente dispuesto, pero ignoramos qué acontecimientos han conducido hasta ese momento. La ausencia de figuras humanas no elimina la presencia de quienes habitaron esos espacios; al contrario, la hace aún más intensa. Entre el silencio, la luz y un extraordinario dominio técnico, sus obras atrapan la mirada y convierten al espectador en el único responsable de completar la historia.
