Resumen

Los sueños tienen que ser necesariamente en color. Frente al debate de si soñamos en blanco y negro, elijo imaginar que sueño en color, porque no concibo otra forma de experiencia. El color no es un añadido, sino su condición: es lo que da forma a aquello que sentimos antes de poder nombrarlo, la esencia de la belleza y la fuerza a través de la cual la percepción toma cuerpo. En un momento en el que las imágenes se desmaterializan y circulan sin resistencia, esta exposición propone un regreso a lo esencial: la pintura como materia, proceso y presencia. Y así es como pinto mis sueñosreúne a tres jóvenes artistas españoles que entienden la pintura como un acto vivo en constante transformación.

 

En la obra de Jon Amorrortu, la imagen surge a través de capas, fragmentos y reconstrucciones. Su “realismo deshecho” plantea una realidad en flujo, donde las formas permanecen abiertas y se reconfiguran continuamente en el propio acto de pintar.

Claudia Torán aborda la pintura como un campo expandido y sensorial, guiado por el ritmo y la intuición. Entre lo cotidiano y lo surreal, sus composiciones generan atmósferas inmersivas en las que el color actúa como estructura y como intensidad.

En el caso de Quique Zarzamora, la pintura comienza antes de la imagen, en aquello que permanece bajo lo visible. Sus campos de color, contenidos pero profundamente activos, se revelan en la cercanía y el tiempo, desplegando una profundidad que escapa a una percepción inmediata.

 

A través de sus prácticas, el color se convierte en una fuerza generativa mediante la cual la pintura transforma el sueño en método, permitiendo al artista traer a la presencia aquello que otros solo pueden intuir o imaginar, revelando lo que ya habitaba en nosotros sin saberlo, y es en ese reconocimiento donde surge nuestra conexión con la obra.